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La Tortuga de Talcahuano y la leyenda de “los Cadillacs”

Submitted by on Martes, 8 Noviembre 2016, 584 veces vistaNo Comment

Todo fanático de Los Fabulosos Cadillacs (LFC) que se precie como tal, sabe que la forma de llamar a la banda al escenario, ya sea al inicio de un concierto o para solicitar “un bis”, es coreando el estribillo de “Yo no me sentaría en tu mesa”, una de las canciones más populares del combo argentino, editada en su segundo trabajo discográfico (Yo te avisé, 1987).

La noche del domingo, el rito se repitió una y otra vez en el gimnasio La Tortuga de Talcahuano, que recibió por segunda vez, en la provincia de Concepción, al grupo encabezado por Vicentico y Señor Flavio, tras su recorda20161108_p_01_imagen_0002do paso por el Estadio Ester Roa en 2009.

En efecto, el concierto inició de la misma forma como terminó, aunque con matices, porque si al comienzo era sólo el público el que coreaba la citada canción, al final, ya habiendo ejecutado todo el listado de canciones (27 en total), se sumó la propia banda, en un jugarreta digna de un grupo de músicos avezados como lo son cada uno de los integrantes de los Cadillacs (Vicentico tocando el bajo; su hijo y guitarrista, Florián, la batería; y el Señor Flavio cantando, entre otros cambios).

El último hecho citado es el mejor ejemplo de la entrega de la banda, que se vio bastante cómoda, moviéndose a sus anchas, y gozando como cada uno de los fanáticos que coparon el recinto chorero.

De hecho, el vocalista se notó mucho más relajado que en su rol solista donde, por cierto, es el jefe, a diferencia de lo que ocurre con el grupo, donde, en buen chilenos, comparte con sus “amigotes”.

Un combo tras otro

Y aunque por momentos la festividad decayó con la interpretación de los temas que forman parte de la última producción de los argentinos, el conceptual “La salvación de Solo y Juan” (hay que decirlo), hubo momentos, simplemente, notables.

Ejemplos de lo anterior, son el inicio, aunque tradicional, siempre demoledor con el instrumental “Cadillacs” y la popular “Mi novia se cayó a un pozo ciego”; o ese conjunto de temas antes del bis. Fue como un combo tras otro, una canción mejor que la anterior: “La luz del ritmo”, “Carnaval toda la vida”, “Carmela”, “Mal bicho” y “Matador”.

Mención aparte merece el aporte del artista visual Jorge Alderete, quien se encargó de poner color y trazos, con apoyo digital, a las canciones de la agrupación en el gran telón a espaldas de los bateristas (sí, por momentos fueron dos, el histórico Fernando Ricciardi y el hijo del Señor Flavio, Astor).

¿Las canciones más coreadas? “Mal bicho”, “Calaveras y diablitos”, “Vasos vacíos” y “Siguiendo la luna”, las últimas dos interpretadas tras su regreso al escenario que, supuestamente, cerraría con “El Satánico doctor Cadillac” y que, como ya está dicho, cerró con el tema que reza “nunca podrá callar esta canción”, y vaya que es cierto.

No fueron pocos, los que al final del concierto e, incluso a la salida del recinto porteño (el que pese a su conocidos problemas de acústica, al menos, cumplió), aún seguían coreando el pegajoso estribillo

 
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